El barco donde todo se creía posible, ya no estaba, ella nisiquiera comprendía por qué ya no estaba abordo, pero ahora lo podía ver todo desde afuera -creo que fue la pérdida de confianza en los tripulantes-se decía a ella misma, todos habían convivido como familia, aveces tenían sus peleas, pero generalmente se llevaban bien... Sólo eso, se llevaban "bien", sinónimo de "normal", sin ningúna connotación más extrordinaria que esa.
En la obra Ermitaño quisimos generar un espacio de intercambio con la diversidad, una tarea que en un momento creímos imposible. Con el tiempo nos fuimos acostumbrando a lo difícil y aprendimos a convivir con las diferencias de cada uno, el tiempo que compartíamos como equipo era más divertido y más bello que cualquier dificultad que pueda anteponerse. Cultivamos una amistad, gracias a la transparencia de cada miembro, el respeto, la buena comunicación, el cuidado del espacio de trabajo y el compromiso. Finalmente, logramos montar un genial producto escénico. Fotografía de la función Ermitaño - Proyecto Escénico en el ICPNA, Lima Centro. (Julio 2017) El teatro implica mucha responsabilidad, porque con él podemos llegar a tocar fibras sensibles en las personas, despertar sueños, generar esperanza, hacer que las personas se pongan en los zapatos del otro, que descubran otras maneras de ver el mundo. A veces con el teatro también podemos hacer daño...
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